I lost a bit of control, sometimes. That means: a straight white and blue striped skirt worn with a lettuce green top, green hand-dyed ballerinas with David Bowie lyrics: ‘If you say run, I’ll run with you.’.
Fuente: papaisarollingstone
Yo soy de las de la utopía europeista. Y me tomo el festival con mucha ligereza.
La euroapoeteosis de lo kitsch.
Anoche tuvo lugar la final de Eurovisión, en un lugar tan improbable como Baku, lo que demuestra la imparable vis expansiva de este certamen, que ha ido ampliando de forma continua su liebensraum desde sus comienzos, allá por 1956, si no me equivoco.
La pregunta es obvia: ¿por qué sigue teniendo tanto éxito, al menos en términos de audiencias y cobertura mediática, algo tan kitsch? ¿Por qué, en pleno siglo XXI, YouTube registra medio millón de visitas a la canción ganadora, apenas unos instantes después de haber obtenido el premio?
Yo creo que convergen dos factores. Por un lado, en cierto modo, y en términos generales, Eurovisión, sí, es el reino de lo kitsch, la antítesis del buen gusto. Pero a través de esa apoteosis de lo kitsch se produce una especie de reivindicación o protagonismo de las minorías sociales. Alguien debería estudiar esta relación entre lo kitsch y los grupos sociales que tratan de emerger de su marginación. Yo estoy cansado hoy.
Por otro lado, Eurovisión es, también en cierto modo, y de forma totalmente irónica, el verdadero protoescenario de la utopía europeista. Hubo siempre algo de sueño de fraternidad continental en ese festival que nació prácticamente en la postguerra. Una promesa de algo parecido a los Estados Unidos de Europa. Es, ciertamente, un sueño que parece cada vez más roto. Pero las canciones siguen sonando. También habría que estudiarlo. Ten points para el que lo haga. Y una cena privada con Angela Merkel.
Fuente: joludi


